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ImagenLa producción cinematográfica de Tunez fue muy escasa hasta los años 80 cuando conoció un auge, con la producción de obras de una gran madurez expresiva. Túnez no desarrolló una política cinematográfica integral, a pesar de varias iniciativas dispersas, la más importante la creación en 1966 del Festival Panafricano y Panárabe -las “Jornadas Cinematográficas de Cartago”-. La producción cinematográfica tuvo un desarrollo muy lento hasta mediados de los setenta, aparte de algunas coproducciones, sólo dos cineastas fueron capaces de ofrecer algunas obras de relevancia: el pionero Omar Khlifi y Abdellatif Ben Ammar. El primer largometraje de ficción tunecino El alba (1966) de Khlifies una epopeya nacionalista, pero no dio lugar a un género, como ocurrió en Argelia. El cine tunecino no empezó realmente a interpelar la historia y el periodo de liberación nacional hasta los setenta, en el momento de la crisis socio-política. Pero entonces, más que un instrumento de propaganda, la temática histórica sirve de pretexto para denunciar, en una época en que ningún cineasta podía hacerlo de forma directa, la actualidad. La obra Risala Min Sejnan de Ben Ammar es reveladora en este sentido. El auge real del cine se produjo sólo en los años 80, con la producción de obras de una gran madurez expresiva, firmadas de la mano de cineastas como Tayeb Louichi, Mahmud Ben Mahmud, Nouri Bouzid, o Nacer Khemir, autor de la hermosa Los balizadores del desierto (1984). Los balizadores del desierto (EL HAIMOUNE, 1984) de Nacer Khemir, es un cuento sufí, una película que es poesía, una búsqueda de raíces, de amor y de libertad. La magia y lo real se entremezclan para cantarle a la belleza del desierto. El cineasta, a través de la delicada atención prestada a la composición de los planos y las secuencias, tratadas como cuadros, y la poesía de su escritura, rinde homenaje al esplendor de la cultura árabe. Fuente Casa Árabe, 2009. Retrospectiva del cine del Maghreb en la Filmoteca de Andalucía en Córdoba.

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