El karma (en sánscrito ‘acción’, del verbo kri: ‘hacer’) es una creencia central del budismo, el hinduismo y el jainismo. En idioma pali se dice kamma y en birmano kan. Aunque estos credos expresan diferencias en el significado mismo de la palabra karma, tienen una base común de interpretación. Generalmente el karma se interpreta como una “ley” cósmica de retribución, o de causa y efecto.

Es el conjunto de energías potenciales que residen en las profundidades de la vida y que se manifiestan en el futuro. El karma en el budismo Si bien la ‘Ley del Karma’ se refiere a “causa y efecto”, para el budismo, el concepto de karma implica acción mental (pensamientos), verbal (palabras) y física (acciones propiamente dichas, obras). El karma puede ser explicado como un fenómeno análogo a la inercia, una “inercia natural”.

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Según esta visión, el individuo genera tendencias a través de sus causas. Un pensamiento, palabra o acción ‘intencional’ determinará una tendencia en el mismo sentido. En el futuro, las causas no necesariamente serían intencionales, sino que estarían influenciadas o inducidas por causas previas. En este sentido, el karma consituye una fuerza inconsciente y condicionante, que hace que los individuos tiendan a un determinado estado de vida, ya sea bajo o elevado. Un mal karma, es resultado de malas causas que conducen al individuo a atravesar repetidamente una situación que provoca sufrimiento.

Mediante la práctica budista, las personas pueden escapar del condicionamiento del karma y así liberarse de los cuatro sufrimientos fundamentales: nacimiento, vejez, enfermedad y muerte.

Karma y reencarnación Usualmente se asocia el karma con la reencarnación, ya que una sola vida humana no alcanzaría para experimentar todos los efectos de las acciones del ser humano. En religiones teístas (como el hinduismo o el cristianismo) existe el concepto de alma. Bajo el punto de vista del karma, la re-encarnación sería la encarnación del alma en un nuevo cuerpo. Algunas religiones (principalmente la cristiana e islámica) rechazan esta creencia.

En el budismo no existe el concepto de alma, sino que se entiende que existe un estado de pureza y sabiduría latente en la vida de todos los seres. La reencarnación, o transmigración, es el paso hacia la siguiente existencia física. El karma, determinará las condiciones bajo las cuales el individuo vuelve a la vida. Sin embargo, el estado de pureza y sabiduría latente seguirán intactos. Algunas escuelas budistas enseñan que mediante la meditación se puede llegar a esta comprensión, y así, alcanzar el estado de nirvana, el fin de la existencia condicionada por el karma. Otras escuelas, como las del Budismo Nichiren, entienden que no es posible escapar al ciclo de la reencarnación. Por lo tanto, la práctica budista intenta que las personas alcancen un estado de felicidad absoluta en esta vida.

Difusión en Occidente La creencia en la “ley del karma” ha tenido una importante difusión gracias a la penetración en Occidente del budismo y el hinduismo, así como diversas escuelas de ocultismo, como la rosacruz, la gnosis (de Samael Aun Weor, entre otros) y la teosofía (de Helena Blavatsky).

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